El pulso del corazón


El pulso del corazón: dar y recibir la sangre que nutre todo nuestro cuerpo. Te imaginas un día tu corazón decidiera dejar de recibir y sólo diera sangre? O si decidiera sólo dar y dejara de recibir? Cuando dejamos de dar o de recibir nuestro corazón se cierra y con ello nos volvemos fríos, nos endurecemos, y nos cerramos a la vida. Es muy importante abrirse dar y abrirse a recibir. Si sólo te permites dar tus relaciones serán unidireccionales y poco nutritivas. Darás de más sin valorar lo que entregas, lo cual termina siendo desgastante y agotador. Si no valoras lo que das los otros tampoco lo valorarán, lo cual genera dolor y resentimiento en las relaciones, reforzando heridas de baja valoración. Detrás de esto, hay creencias arraigadas tales como "nadie me puede nutrir" "debo ser autosuficiente" "yo no merezco recibir" o "yo no merezco ser amado". Si sólo te permites recibir, tus relaciones también serán unidireccionales y poco nutritivas. No valoras lo que te dan y nada será suficiente para ti, nada te nutre. La dificultad para valorar indica que tu tampoco te valoras, y este comportamiento también genera dolor y resentimiento, dañando las relaciones. Habitualmente esto ocurre después de situaciones en las que se sintió que se dió mucho sin recibir lo mismo de vuelta. Las creencias arraigadas que pueden estar detrás son "no tengo nada para dar", "no daré nada porque nadie lo valora", o "nada es suficiente para mí porque yo no soy suficiente". Dar y recibir es un flujo continuo, nutritivo, como una danza de energías en constante movimiento que refleja nuestra apertura hacia la vida. Si en algún momento el flujo se estanca, se estanca toda nuestra energía. Hacernos conscientes de las creencias que están a la base, nos permite trabajar en ellas para que nuestras relaciones sean más nutritivas y satisfactorias, en especial la relación con nosotros mismos.

Belén Dubó

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