MASAJE KUNDALINI

 

El masaje Kundalini es una técnica que permite reestablecer el flujo energético en nuestra columna vertebral que es nuestro principal canal de comunicación entre el cerebro y todo nuestro cuerpo.

 

Es una herramienta muy efectiva en diversos síntomas físicos, dolores, enfermedades y además es preventiva, ya que al trabajar con la energía permite intervenir antes de que los bloqueos se cristalicen en enfermedades.  Dichos bloqueos se originan a partir de emociones o memorias reprimidas o inconscientes, por lo que muchas veces el masaje nos permite traer a la conciencia dichas experiencias y emociones, liberándolas.

 

Durante el masaje se aplican cristales y obsidianas según el método de Ana Silvia Serrano. Cada sesión dura 60 minutos. 

 

 

  • Valor: $35.000 por sesión

               $180.000 tratamiento de 6 masajes

 

Contacto e informaciones: belen.dubo@gmail.com

 

Artículo: La Sabiduría del Sentir y el Masaje Kundalini

También visitar: Revista Obsinautas, edición sobre Masaje Kundalini

 

 

La Sabiduría del Sentir y el Masaje Kundalini

Belén Dubó Villarroel

 

Una necesidad básica de los seres humanos cuando nacemos es la de sentirnos queridos, y para satisfacer esa necesidad muchas veces amoldamos nuestra conducta a lo que nuestros padres validan, aprueban y aceptan, lo cual depende de sus propias experiencias y de lo que es validado socialmente. Entonces la expresión emocional es regulada en gran medida por lo que aprendemos de nuestros padres, y como esto es transmitido de generación a generación, si nuestros padres aprendieron a no expresar, probablemente nosotros tampoco lo hagamos o esperemos a desbordarnos para hacerlo.

 

Existen ciertos condicionamientos sociales de qué emociones tenemos permiso para expresar según el sexo, de modo que a los hombres se les permite mucho más expresar la rabia que la pena, y a las mujeres por el contrario se nos permite expresar más la tristeza que la rabia. Sin embargo, en lo más profundo el mensaje para todos es que lo correcto sería no sentir las emociones que han sido catalogadas como “negativas” tales como la tristeza, la rabia y el miedo. En el discurso social parece que las emociones calificadas de “positivas” como la alegría y el amor sí estarían permitidas, pero en la práctica tampoco es así, ya que si alguien se ríe mucho se le etiqueta de tonto, si alguien está siempre contento, o canta o baila en la calle rápidamente es mal visto y etiquetado de loco o raro, si alguien expresa libremente su amor es inapropiado, falso, o inmoral según el caso, y para qué hablar de la sexualidad y el placer, que son sumamente rechazados y tabú, especialmente cuando hablamos de la mujer. Y claro, no es raro que al evitar el dolor evitemos también el placer, ya que ambos aspectos son polos de un solo continuo del sentir, y poco a poco nos vamos desconectando, vamos evitando, reprimiendo, al punto que mucha gente la mayoría del tiempo “no siente nada”, hasta que llega a un nivel tal de acumulación emocional que se desborda, expresando intensa, descontroladamente y al más mínimo estímulo gran parte de aquello que reprimió. Sin embargo esa expresión no es consciente, es una reacción, y muchas veces la persona ni siquiera entiende por qué reaccionó así, lo que no le permite procesar ni aprender de lo vivido.

 

Tampoco aprendemos a asumir la responsabilidad de nuestras emociones y acostumbramos a creer que son las situaciones o los otros quienes nos “hacen feliz”, o “nos hacen enojar” o “nos hacen llorar”, por lo que ponemos el foco en lo que otro hizo o en lo que pasó como si eso fuese la causa directa de mi sentir. Con esto no nos damos cuenta que las razones por las que sentimos lo que sentimos son personales, ignorando u olvidando que nuestras emociones tienen que ver con aquello que resuena con nuestras propias heridas. Las consecuencias de poner esa responsabilidad en lo externo es la pérdida de parte del poder personal, y de cierta forma quedo a la deriva de lo que otros hagan, digan, quieran, o de lo que pase en mi vida para estar bien. Entonces tengo a quien o a qué culpar pero olvido que tiene que ver conmigo y que está en mis manos mirar, tomar consciencia y trabajar con aquellos aspectos.

 

Con todo lo anterior, nos olvidamos también de que no hay emociones negativas ni positivas, y que todas sin excepción cumplen una función esencial en nuestras vidas. La rabia, la pena y el miedo son emociones protectoras, nos ayudan a identificar cuando es mejor correr, cuando es mejor detenerse, cuando algo nos hace daño y no es bueno para nosotros, cuando necesitamos defendernos, cuando necesitamos poner límites, etc. ¿Se imagina no sintiéramos miedo? Correríamos riesgos todo el tiempo y seguramente no viviríamos mucho para contarlo. ¿Y sin pena? Nos mantendríamos en situaciones, relaciones, y circunstancias dañinas y no nos daríamos cuenta. ¿Y sin rabia? Todos nos podrían pasar a llevar, atacarnos, llevarse nuestras cosas… y no haríamos nada. Estos son algunos ejemplos de las funciones protectoras de las emociones, y sin duda podría dar muchos más. El organismo y la vida son muy sabios, todo tiene una razón de ser, pero olvidamos escuchar y darle espacio a esa sabiduría que es parte de nosotros, pasando a considerar al dolor, al sentir y a nuestro cuerpo como nuestro enemigo.

Entonces, ya sea porque somos muy niños y no sabemos o no podemos procesar ciertas situaciones demasiado intensas emocionalmente, o porque ya hemos aprendido a desconectarnos del sentir, en ocasiones vivimos experiencias que nos impactan de las que no somos capaces de expresar las emociones sentidas ni de procesar lo ocurrido, y a través de diversos mecanismos que muchas veces son inconscientes, reprimimos el recuerdo, disociamos el sentir del hecho ocurrido, o lo negamos, entre otros. Sin embargo, por más que interfieran estos mecanismos, las emociones son energía y como tal no se disipa por sí misma, sino que se saca a través de la expresión o se queda en el cuerpo generando bloqueos. Es por esto, que la comprensión racional no es suficiente para procesar experiencias dolorosas ni para propiciar un cambio real, y puedo tener muy claro en lo racional que me pasó y cómo me afecta pero no es suficiente. Tampoco basta con sólo sacar la emoción, necesito poder darle un sentido y aprender de ello, y es importante considerar que hay emociones estancadas que provienen de temas ancestrales, karmáticos y arquetípicos, que son por tanto inconscientes, y aunque exprese la emoción cuando surge, si no logro hacer consciente el tema y conectarlo con esa emoción, no podré procesarlo.

 

Así, la energía emocional guardada, estancada y no procesada genera bloqueos energéticos que poco a poco nos van enfermando físicamente. La energía se queda en ciertas partes del cuerpo y afecta al funcionamiento del organismo. Entonces es posible que nos enfermemos y ahí muchas veces volvemos a considerar a la expresión del cuerpo como un enemigo, como si aquello que se expresa a través de un síntoma o de dolor fuese algo que es necesario acallar, contra lo que luchar, una batalla que dar contra el propio cuerpo. Como si las emociones y enfermedades viniesen a atacarnos y tuviéramos que defendernos, sin escuchar el mensaje que tienen para darnos.

 

Por todo esto, la emoción tiene que tener un papel central en cualquier terapia que busque realmente propiciar cambios y sanar.  Como psicoterapeuta observo cotidianamente las dificultades que tenemos para conectarnos con el sentir y liberar esa energía a veces estancada durante muchos años. Existen múltiples técnicas que intentan conectar con la emoción, y tanto en mi trabajo como en mi proceso terapéutico personal, aplico y he experimentado técnicas vivenciales, gestálticas, de trabajo corporal, intervención muscular, conciencia corporal y también con muchas terapias complementarias que trabajan con la energía. Todas las técnicas que aplico las he experimentado y considero que sirven para contactar la emoción, facilitar su expresión, propiciar la comprensión y el cambio. Para mí es muy importante contar con diversas técnicas ya que es según el caso y características de cada persona la que pueda ser más adecuada y efectiva. Sin embargo, me doy cuenta que muchas veces estas técnicas son más útiles cuando hablamos de sucesos posteriores a la segunda infancia, o ayudan a sacar emociones pero se dificulta la comprensión racional, es decir, expreso sin entender bien qué estoy expresando o cómo se originó el conflicto, lo cual puede ser de mucho alivio pero falta algo más para llegar a un verdadero cambio.

 

Al conocer el masaje kundalini, me llamó muchísimo la atención su propuesta porque integra muchos aspectos que a mi parecer son esenciales en la compresión de la salud y la enfermedad, involucrando el nivel físico, emocional, mental, espiritual y energético. Parte de la base que las emociones no expresadas quedan de alguna forma como bloqueos energéticos en la columna vertebral, que es nuestro centro energético y de comunicación del organismo. Primero se empieza a enfermar nuestra energía y poco a poco nuestro cuerpo, ya que si nuestro cerebro no se comunica fluidamente con nuestros órganos y viceversa, nos vamos enfermando. Sin embargo si con el tiempo nos hemos ido desconectando del sentir, resulta muy difícil conectarse con esas emociones estancadas y expresarlas sólo con la voluntad de hacerlo. Es en este punto dónde considero que se encuentra la principal ventaja de esta técnica, ya que el masaje kundalini permite que emerjan los bloqueos emocionales que la persona ya ni siquiera se acuerda que alguna vez vivió, que están reprimidos, que son muy tempranos en la vida, y/o que son ancestrales, karmáticos o arquetípicos, limpiando así el canal energético y reestableciendo la comunicación fluida entre el cerebro y el cuerpo. Además facilita la comprensión racional y el darse cuenta de la persona.

 

A pesar de quedar maravillada con la teoría no pude dimensionar su alcance hasta haberlo experimentado. Al recibir masaje kundalini pude experimentar la profundidad de esta técnica, darme cuenta de emociones que surgieron en mi temprana infancia, que muy posiblemente no hubiese podido mirar de otra forma, expresar dichas emociones y conectar lo sucedido con aspectos personales que han estado presentes a lo largo de mi vida. Esto me permitió resignificar una parte de mi biografía, conectando sucesos, actitudes, sensaciones y emociones, para darle así otro sentido a mi presente, dándole espacio y acogiendo ese dolor. Esta experiencia me motivó mucho más para aplicarlo como terapeuta, pero aún tenía la duda, de si sería tan profundo siempre y de si al comenzar a aplicarlo podría llegar a ese nivel de profundidad con otras personas.

 

En el poco tiempo que llevo trabajando con masaje kundalini he podido darme cuenta que aunque todas las personas experimentan cosas distintas, esta técnica es muy movilizadora y profunda. Por más que hayan emociones reprimidas de forma inconsciente, por más temprano en la vida que hayan surgido las situaciones traumáticas, por más que hayan aspectos olvidados hace años, se moviliza y sale aquello que se mantenía estancado, limpiando el canal energético. Se percibe y se siente la limpieza, tanto a nivel sutil como concreto. He visto también cómo las personas que han recibido masaje kundalini se sienten sumamente sorprendidas con lo movilizador que es. Sin embargo, la potencia del masaje no es sólo lo que ocurre en la sesión sino lo que transcurre entre sesiones, lo que sigue emergiendo, lo que se continúa procesando, lo que sigue decantando en recuerdos, sensaciones, emociones, energía, sueños, motivaciones, ideas, etc., por lo que es un proceso muy sanador. Esto además de ayudar a la sanación de temas pendientes, ayuda a reenergizar el organismo haciendo que la energía vuelva a fluir libremente y que por tanto la comunicación de todo el cuerpo y el cerebro se reestablezca, facilitando también la sanación física.  Por otra parte, esta técnica facilita la conexión de lo emocional con lo racional, lo cual si es bien acompañado terapéuticamente permite ir resignificando lo vivido y llegar a una nueva comprensión de sí mismo, que incluya recuperar el poder personal y responsabilizarse tanto del propio sentir como de la forma de expresarlo, lo cual incide de manera significativa en cómo nos relacionamos con nuestras emociones, con nuestro cuerpo, con nosotros mismos, con otros seres y con nuestro entorno.

 

Me parece que el masaje kundalini además de contribuir a la sanación, ayuda a tomar consciencia y a reconectarnos con nosotros mismos, a devolver la confianza en la sabiduría de nuestro cuerpo, y en la capacidad que el ser humano tiene de entrar en una emoción intensamente, y volver a equilibrio, reponiéndose y aprendiendo de lo vivido por más doloroso que haya sido.  Considero que a medida que experimentamos esto en nosotros mismos, que confiamos en nuestra capacidad de sentir y de entrar a lo profundo de nuestras emociones, de sumergirnos en nuestros dolores y aprender de ellos, de ir mirando nuestra sombra y dándole luz, con la confianza en la capacidad de autorregulación de nuestro organismo, podemos como terapeutas acompañar mejor a otros en su propio proceso, sin miedo a profundizar en el sentir, confiando en el otro y en la sabiduría de su organismo. Las personas que vienen perciben la confianza y también a partir de ahí se entregan. No tengamos miedo al propio sentir ni al sentir de otros, porque no es más que una expresión maravillosa y sana de nuestro propio organismo buscando el equilibrio y la salud.

 

Esta consciencia y confianza, a su vez nos permite vincularnos más conscientemente con las otras personas, con otros seres y con la tierra en que vivimos. Tanta falta nos hace tomar consciencia de que estamos peleando contra nosotros mismos, contra la madre tierra, contra la vida, lucha que no tiene sentido, por lo que es necesario soltar la necesidad de control, de dominio, y tomar consciencia a su vez de la inmensa sabiduría de la que somos parte, confiando en ella, escuchando sus mensajes, cuidándonos y cuidando amorosamente nuestro entorno, nuestra tierra, confiando, entregándonos y disfrutando las maravillas que cada día nos ofrece la vida.

 

 

Belén Dubó Villarroel, terapeuta de Masaje Kundalini. Cursando diplomatura en Geometrías de Obsidiana. Psicóloga clínica gestáltica y facilitadora en desarrollo personal humanista transpersonal. Maestra de Reiki Usui. Practicante y facilitadora de meditación. Con estudios en radiestesia, biomagnetismo, esencias florales del México antiguo, psicodrama, bioenergética, entre otros. 

Correo electrónico: belen.dubo@gmail.com

Página web: www.satkaram.cl